El teléfono sonaba haciendo un raro efecto de eco dentro del taller, limpié mis manos y lo tomé, ¿quien demonios podía ser ahora?, puse en mi oreja el aparato:
-¿Si?
-Hola, ¿hablo a la casa de la señora Avelar?
-Mierda- Si, habla con su hijo
-¡Ah! Tú debes ser Romeo, tu madre siempre hablaba de ti, me podrías pasar con ella.
-En este momento no puede hablar porque est…
-No te preocupes, mañana tal vez vaya a visitarla, tememos que tu madre haya dejado la terapia, bueno, hasta luego.
Quedé echo piedra junto al teléfono, colgué enfurecido y me encaminé al baño, al llegar al comedor un relámpago iluminó la casa y apareció una horrible imagen frente a mi, era mi hermano colgando en la escalera y me miraba diabólicamente sonriente mientras que de sus ojos caían unos espesos ríos de sangre, cuando el relámpago desapareció la imagen se esfumó… Fue como una ilusión, ¿o no lo fue?, me quedé paralizado por un par de segundos y luego solo entré al baño, me mojé la cara cansadamente, ¿por qué mi hermano me sonreiría?, me hice la misma pregunta mientras me bañaba, la sangre ajena caía junto al agua hacia la alcantarilla y ojala esos pensamientos también se fueran con esa agua turbia… Si, el agua te da esa sensación de limpieza, pero solo la sangre la que me da el placer, la que me hace sentir mas cerca de un misterio para los vivos…La muerte.
Al cabrón de mi padre siempre le gustó la pesca, y como me esperaba tiene su antiguo arpón guardado acá, necesito cazar un pez muy entrometido, la mujer esa de la terapia de mi madre, no sé por qué tiene que ser tan karmática toda esta situación, se extiende como la red de la araña, empecé con mi madre y Julieta, luego se entrometen los vecinos, y ahora esta prostituta… Se va a formar una gran red, y tendré que ser una araña muy rápida, para que mi red no sea cortada por algún insecto muy grande, tendré que tener mucho veneno para afrontar cualquier problema peligroso… Jamás me descubrirán, quien sea que se interponga pasará a ser parte de mis obras y por supuesto… MI gran obra.
Venga alegre señorita terapeuta, pues le tengo un regalo muy grande, al cual creo que usted se “aferrará”, pues irá directo a su corazón.

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